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DOBLE DE MUJERES |GACHI HASPER – MARIELA SCAFATI

Una se destaca en el arte de ligar y desligar el color en un juego sutil de la línea, La otra se apropia ropa para crear pinturas. Una activa los quiebres de ritmos y los entrelazamientos de formas para hacer vibrar los colores y las formas. La otra transforma los objetos en cuadros y los cuadros en objetos. Una practica el valse de los rectángulos y de los círculos. La otra tiene afecto por las bandas pero también por los planos. A una le gusta el color de los afiches de los bailes populares y sus tipografías. A la otra le gusta hacer penetrar en el color las palabras del mundo. Una sabe que la forma ortogonal de una fachada puede esconder las columnas de archivos de nuestras tragedias. La otra ahonda en los campos del color los surcos de nuestras esperanzas. A una le gusta hacer aparecer y desaparecer la geometría en el calidoscopio de la policromía. A la otra le gusta que el cuadro pudiera ser un mueble o una ropa, Una nos sumerge en las redes del color, la otra encuentra la pintura ahí donde uno no lo esperaría. Una, Graciela Hasper, nos presentará por sobretodo pinturas, pero hay que saber que ella es también fotógrafa y creadora de videos. Hay que recordar sus intervenciones murales donde fotos de afiches vienen a subrayar una topografía de formas y, representando nada más que la presencia colorida de sus contornos, no están sín llevar el eco de una urbanidad. Me acuerdo, a propósito de ella, del uso que hacía Ellsworth Kelly con elementos de lo real (ventanas, reflejos del agua, etc.) para solucionar el tema de la composición. La otra, Mariela Scafati, desvía la pintura hacia ”objetos híbridos” que atravesan los géneros, no solo pinturas, esculturas o instalaciones sino todas a la vez. Le gusta tomar las cosas al revés, integrar una cierta fragilidad, una consciencia de lo obsoleto ineluctable de las cosas. Ella sabe inscribir las palabras que dibujan una presencia al mundo, como ”la melancolía no es siempre un sentimiento malo” o ”agresivamente no violento”. Me acuerdo de su Teléfono!, un pequeño encuentro con Lidy Prati, una de las más bellas y sutiles instalaciones que pude ver en Buenos Aires en 2009 en el Centro Borges. Con su energía y su impertinencia, ellas nos refrescan la visión, decantan la mirada de sus estereotipos. Esta exposición funciona cómo una hazaña doble por parte de dos grandes damas de la abstracción argentina. Para esa ocasión, quise también recordar a Manuel Espinoza y Raúl Lozza de quienes la Galería Delinfinito posee algunos de sus tesoros. Philippe Cyroulnik

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